La serie "María, una vida junto a Jesús" se compone de veinte editoriales que estructuran una semblanza completa de la Virgen María

Vida de María (I): la Inmaculada Concepción

La Redención del mundo estaba en marcha ya desde el primer momento. Luego, poco a poco, inspirados por el Espíritu Santo, los profetas fueron desvelando los rasgos de esa hija de Adán.

Vida de María (II): La Natividad de Nuestra Señora

El 8 de septiembre celebramos el Nacimiento de la Virgen María o Natividad de María. Se celebra el 8 de septiembre, nueve meses después de la dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen que se celebra el 8 de diciembre.

Vida de María (III): Presentación de la Virgen

El día 21 de Noviembre celebramos la Presentación de la Virgen. María es ofrecida a Dios por sus padres, Joaquín y Ana, en el Templo de Jerusalén.

Vida de María (IV): Los desposorios con José

Cuando la vida de María y la de José se unen, el culmen de la historia está más próximo que nunca

Vida de María (V): La anunciación de Nuestra Señora

El diálogo más importante de la historia tuvo lugar en el interior de una pobre casa de Nazaret. Sus protagonistas son el mismo Dios, que se sirve del ministerio de un Arcángel, y una Virgen llamada María, de la casa de David, desposada con un artesano de nombre José.

Vida de María (VI): La visitación a Santa Isabel

Isabel, a la que llamaban estéril, va a ser madre. María lo ha sabido por Gabriel, el enviado de Dios. Y, poco después, se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá Lc 1, 39). No le mueve la curiosidad, ni se pone en camino para comprobar por sí misma lo que el ángel le ha comunicado. María, humilde, llena de caridad —de una caridad que le urge a preocuparse más de su anciana prima que de sí misma— va a casa de Isabel porque ha entrevisto, en el mensaje del cielo, una secreta relación entre el hijo de Isabel y el Hijo que Ella lleva en sus entrañas.

Vida de María (VII): El nacimiento de Jesús

Octavio César Augusto ha dispuesto el censo de los habitantes del orbe romano. La orden alcanza a todos: desde el más rico al más pobre. En Palestina, ha de hacerse según las usanzas judías: cada uno en su ciudad de origen. Como José era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta Lc 2, 4-5).

Vida de María (VIII): Presentación de Jesús en el Templo

La aglomeración de peregrinos había cesado en Belén. Después del nacimiento de Jesús, José encontró un lugar más decente para alojar a la Sagrada Familia. Allí, a los ocho días, realizó el rito de la circuncisión, por el que los varones comenzaban a formar parte del pueblo de Israel, y el niño recibió oficialmente el nombre de Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno (Lc 2, 21).

Vida de María (IX): Adoración de los Reyes Magos

La Sagrada Familia regresó a Belén. En los oídos de María y de José resonaban las palabras del anciano Simeón. A la memoria de la Virgen acudirían los textos de algunos profetas que, hablando del Mesías, su Hijo, afirman que no sólo sería Rey de Israel, sino que recibiría el homenaje de todos los pueblos de la tierra.

Vida de María (X): La huida a Egipto

Apenas marcharon los Magos de Belén, cuando un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, toma al Niño y a su Madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo (M t 2, 13). 

Vida de María (XI): Regreso a Nazaret

No se sabe con certeza cuánto duró la estancia de la Sagrada Familia en Egipto. La mayor parte de los estudiosos piensan que se prolongó durante uno o dos años. San Mateo, el evangelista que nos relata estos sucesos, se muestra lacónico, como en otras ocasiones. Muerto Herodes —escribe— , un ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel; porque han muerto ya los atentaban contra la vida del niño” Mt 2, 19-20).

Vida de María (XII): Jesús entre los doctores

La Ley de Moisés obligaba a los varones israelitas a presentarse ante el Señor tres veces por año: en Pascua, en Pentecostés y en la fiesta de los Tabernáculos. Ese deber no afectaba a las mujeres ni a los niños antes de que cumplieran 13 años, edad en la que quedaban sujetos en todo a los dictámenes de la Ley. Sin embargo, entre los israelitas piadosos, era frecuente que también las mujeres subieran a adorar a Dios en Jerusalén, a veces en compañía de sus hijos.

Vida de María (XIII): Los años de Nazaret

Después de haber narrado el hallazgo del niño Jesús entre los doctores del Templo, el Evangelio continúa: bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su Madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres Lc 2, 51-52).

Vida de María (XIV): Las bodas de Caná

Al finalizar el largo período de Nazaret, el Señor comenzó a predicar la llegada del reino de Dios. Todos los evangelistas recogen el primer acto de esta nueva etapa: la recepción del bautismo que el Precursor administraba a orillas del Jordán. Sin embargo, sólo San Juan señala la presencia de la Virgen en esos comienzos de la vida pública: al tercer día —anota— se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús. También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos (Jn 2, 1-2).

Vida de María (XV): Junto a la Cruz de Jesús

Han pasado casi tres años desde el primer milagro de Jesús, en Caná de Galilea. El Evangelio apenas nos habla de la Virgen Santísima, en ese lapso de tiempo. Quizá, en algunas ocasiones, formara parte del grupo de mujeres que acompañaban al Señor en sus desplazamientos (cfr. Lc 8, 1-3).

Vida de María (XVI): Sepultura de Cristo

Jesús había muerto hacia las tres de la tarde: la hora en la que se sacrificaban los corderos en el Templo para la cena pascual ya inminente. El cuarto evangelio subraya ese simbolismo desde los primeros capítulos, cuando —delante de un grupo de discípulos— pone en boca del Bautista, señalando a Jesús, estas palabras: Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo Jn 1, 29). María seguía al pie de la Cruz, con Juan y la santas mujeres. No podía apartarse de ese lugar, con la mirada fija en su Hijo. Le quedaban aún varios tragos amargos, antes de poder depositar su cuerpo en el sepulcro.

Vida de María (XVII): Resurrección y Ascensión del Señor

Al amanecer del tercer día, una vez pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé se pusieron en camino hacia el sepulcro de Jesús. El amor las impulsaba a prestar los últimos servicios al cuerpo muerto del Señor, que no habían podido llevar a cabo en la tarde del viernes. Mientras caminaban, se preguntaban unas a otras: ¿quién nos removerá la piedra de la entrada al sepulcro? Mc 16, 3).

Vida de María (XVIII): La venida del Espíritu Santo

Una vez que Jesucristo hubo ascendido al Cielo, los testigos de aquel hecho maravilloso regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén a la distancia de un camino permitido el sábado. Y cuando llegaron, subieron al Cenáculo donde vivían Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la Madre de Jesús, y sus hermanos (Hch 1, 12-14).

Vida de María (XIX): Dormición y Asunción de la Virgen

Los últimos años de María sobre la tierra —los que transcurrieron desde Pentecostés a la Asunción—, han permanecido envueltos en una neblina tan espesa que casi no es posible entreverlos con la mirada, y mucho menos penetrarlos. La Escritura calla, y la Tradición nos hace llegar solamente ecos lejanos e inciertos. Su existencia transcurrió callada y laboriosa

Vida de María (y XX): Reina y Señora del universo

La coronación de la Virgen como Reina y Señora del universo es la última piedra de los privilegios concedidos a Santa María. Era sobrenaturalmente lógico que la Madre de Dios, una vez asunta en cuerpo y alma a la gloria del Cielo, fuera ensalzada por la Santísima Trinidad por encima de los coros de los ángeles y de toda la jerarquía de los santos. Más que Tú, sólo Dios , exclama el pueblo cristiano.

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